El reciente Foro de Negocios e Inversiones de la Argentina representó una buena iniciativa para explicitar intenciones, atraer inversiones y encarar una senda de crecimiento sostenible.

Nuestro país presenta ya hace muchos años un déficit en su crecimiento económico.

En los últimos cuarenta años crecimos a una tasa promedio en dólares constantes del 0,6%, mientras que Latinoamérica duplicó esa tasa y el mundo la cuadruplicó.

Esta falta de crecimiento es resultado de nuestro histórico déficit de competitividad.

Nuestra productividad respecto de la de los Estados Unidos, en 1950 era del 50%, en 2015 del 32%. En los rankings de competitividad confeccionados tanto por el World Economic Forum, el IMD y ABECEB, Argentina se ubica recurrentemente en los últimos tramos. Tomando otra medida de la competitividad, los Costos Laborales Unitarios de Manufacturas, y como consecuencia fundamentalmente de nuestra baja productividad, Argentina se encuentra hoy entre los países más caros del mundo.

A pesar de nuestros vastos recursos naturales, nuestro país no ha podido generar las políticas que le permitieran aprovechar estas ventajas comparativas.

Debido a la falta de competitividad, no hemos logrado manejar adecuadamente nuestra economía que fue siempre dependiente del nivel de los términos del intercambio. Cuando nos favorecían, el país crecía; cuando la relación era desfavorable, el país reducía su crecimiento o decrecía.

Terminado el último período de bonanza, se intentó mantener el crecimiento mediante una exacerbación del consumo y el cierre de la economía, siendo el resultado el estancamiento y el crecimiento exponencial de los desequilibrios.

En los próximos años no podemos esperar “viento de cola” del frente externo: China ya no crecerá como en el pasado, los países centrales lo harán anémicamente y a Brasil le tomará un tiempo salir de sus problemas actuales.

Dependemos de nosotros mismos y ganar competitividad debería ser una “causa nacional”.

El Gobierno propone un tránsito gradual hacia una racionalidad en el manejo macroeconómico, una mejora de la competitividad global y sectorial priorizando las inversiones y las exportaciones.

Deberemos seguir impulsando el desarrollo de los sectores primarios; pero dado que ellos no tienen capacidad para absorber grandes cantidades de trabajo, el camino es impulsar el agregado de valor a productos y servicios más sofisticados en los sectores más competitivos y con mayor potencialidad.

El más relevante es el de los alimentos y bebidas; también se requiere que industrias como la automotriz, farmacéutica, química, metalmecánica y plásticos ganen escala y se inserten paulatinamente las cadenas regionales y globales de valor.

Otros sectores primarios potencialmente competitivos, como la minería y la energía, pueden actuar como dinamizadores del desarrollo de los sectores industriales mencionados.

Pero los sectores industriales que carecen de competitividad y potencial tendrán que transitar un camino de adaptación y reestructuración. En sincronía, tendrá que lograrse materializar un estado efectivo y eficiente.

El proceso no está exento de dificultades. Disminuir en las cadenas de valor y del Estado lo que se ha denominado “el costo argentino” y que junto con los subsidios pone sobre toda la sociedad una carga impositiva muy elevada genera resistencias en un amplio espectro de la sociedad. Este proceso deberá ser transitado cuidando la gobernabilidad y generando los sistemas de protección social que en la actualidad todos los países del mundo proveen.

En un plazo más largo, para ser competitivos, lograr generar más productividad así como de valor agregado, tanto en la producción de bienes como de servicios y ver materializados beneficios de dicha competitividad en mejores salarios y crecimiento sostenido, deberemos invertir mejor en nuestro capital humano: la educación y las habilidades para el trabajo. Su nivel es tal vez el factor, más relevante para lograr una competitividad sostenible y un país próspero.

Fuente: Ieco-Domingo 18 de septiembre 2016

Opinión: Alberto Schuster – Director de la Unidad de Competitividad de ABECEB