Everything: Dos hermanas y su mamá crean diseños para introducir calidez en ambientes netos, a través de las texturas, con tejidos y pieles. Todos los artículos son 100% hechos a mano y mirando el precio justo

Un almohadón de piel sintética de pelo largo, que mide 40 centímetros de lado, es el equivalente de Everything but the Cat de lo que para un fabricante de indumentaria sería un jean. Pero en Everything, el precio del almohadón no sube desde octubre. “Nuestra política es no aumentar los precios porque sí”, dice Natalia Guichou, dueña, junto con su hermana Paula y la madre de ambas, Carolina Cron, de la boutique de decoración y diseño.

Y para eso, desde sus inicios en 2014, la meta inmediata siempre fue stockearse. “Empezamos trabajando a pedido de gente conocida. Vendíamos un banquito y lo reinvertíamos en una alfombra”, indica Natalia. Podían permitírselo porque no necesitaban que el negocio les dejara una ganancia en lo inmediato: ni ella –que trabajaba en publicidad– ni su hermana –que era productora de televisión– dejaron sus respectivos trabajos en relación de dependencia sino hasta noviembre y diciembre de 2015, respectivamente, lo cual consideran que fue un crecimiento rápido, que en seguida las puso en posición de tomar el riesgo de saltar.

La mamá, que trabajaba de profesora de inglés y siempre, por cuerda separada, había sido artista plástica, se había acoplado a la iniciativa de las hijas a pocos meses de empezar.

“Nos la pasamos tejiendo”, afirma Natalia sobre la actualidad de las tres, aunque la verdad es que también hacen tareas de costura y carpintería. Es que los productos de Everything hoy todavía son 100% hechos a mano, por lo que su fuerte no puede ser el canal mayorista, si bien tienen algunos clientes en ese sector. “Si nos piden mucho volumen, ya no podemos hacer precio, porque nuestros valores a consumidor final ya son bajos”.

Gusto por “lo poco” Las chicas eligieron como marco el estilo nórdico –colores claros, neutros, ambientes espacioso–-, apto para introducir calidez mediante la incorporación de tejidos y pieles (“siempre que sean sintéticas”, aclara Natalia). La marca ofrece, además de almohadones, alfombras y pequeños muebles como organizadores y percheros, una gama de mantas y manteles tejidos, lámparas, macetas, letras y carteles de madera. “Nos gusta ‘lo poco’”, define Natalia sobre el estilo en que se inscribieron. “Y nuestro fuerte es todo lo textil, nos encanta jugar con las texturas”.

Las Guichou empezaron trabajando por pedido y a través de una página en Facebook, donde siempre hicieron sus campañas publicitarias. “Luego vimos que con lo online solo no alcanzaba. Había que tener un lugar donde mostrar lo que hacíamos”, cuenta Natalia.

Tuvieron un primer showroom en la casa de Paula, “pero mezclar vida con trabajo era complejo”. Entonces tomaron la segunda decisión que las diferencia del resto de tantos diseñadores de artículos de decoración: el barrio porteño que eligieron para alquilar un departamento y montar el showroom no fue Palermo, sino Belgrano, cerca de las Barrancas, “porque es un punto bastante frecuentado por los clientes que nos visitan”.

De ahí, aunque también están en una tienda en la nube, surge el mayor caudal de ventas. Pero en el showroom también producen y responden a las consultas queles llegan por Facebook o por Instagram y despachan los pedidos que reciben de todo el país. También reciben la mercadería que proviene de los dos talleres en los cuales tercerizan parte del proceso de producción. “Nos gusta estar en todo el circuito, desde que nos preguntan de qué material está hecho un almohadón que gustó hasta despachar el paquete por OCA y hacerle el seguimiento hasta que el comprador lo recibe”, señala Natalia.

“Todas las semanas lanzamos modelos nuevos de almohadón”, se jacta la emprendedora. “También hacemos trabajos a pedido y a medida, para clientas que desde el primer día siguen confiando en nosotras”, concluye.

Fuente: Ieco Clarín, por Paula Ancery, 08-05-2016